CONSENSOS NACIONALES, … YA!!!


Posted on 27 March 2009

CONSENSOS NACIONALES, … YA!!!

Dr. Manuel García-Jaén

Si. Ya. Porque la nación, el país, el pueblo ecuatoriano tienen que encontrar el rumbo. Porque son demasiados años perdidos, más bien décadas, sin objetivos y metas definidas y claras que lleven a la sociedad ecuatoriana a donde debe llegar por necesidad y por obligación: al desarrollo social y económico de todos sus habitantes, dentro de la justicia, de la equidad y del derecho.

Y para eso es necesario que todos los actores políticos y económicos responsables de la situación hagan un mea culpa, revisen con franqueza lo mal que lo hemos hecho, y se propongan enmendar definitivamente.

Pero no cada uno por su lado. No otra vez defendiendo a ultranza los particulares intereses, las antiguas ideologías, los compromisos, las costumbres y hasta los “derechos adquiridos”… Ahora es cuando toca el turno al consenso de todos para formular un programa nacional de objetivos comunes, en cuyo camino todos muevan sus remos en la misma dirección y cumpliendo los compromisos por todos aceptados.

Es la hora del consenso nacional. No puede el país –no puede nadie hacerlo- seguir apoltronado en ese “dejar hacer, dejar pasar” que no es sino el círculo vicioso de la pugna electoral, la victoria de unos y la derrota de otros, el fracaso de la gestión gubernamental, el final lento o brusco de los mandatarios, las reformas y contrarreformas constitucionales y otra vez a empezar a girar en el círculo que no lleva a nada y que de tanto dar vueltas acabará por ser la horca ideal del suicidio social colectivo.

El consenso, por definición académica, no es sino el adoptar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes.

Esas decisiones comunes hay que tomarlas precisamente luego de la visión retrospectiva del fracaso y de la necesidad vital de un cambio.

Consenso o pacto o acuerdo o como quiera que se le quiera llamar. Pero en el fondo no es sino hacer un valiente alto a todo aquello que no dio resultados de beneficio general, sino desconsuelos, desesperanzas y frustraciones.

No estamos inventando nada nuevo quienes incansablemente llamamos a esta reflexión. Es la experiencia exitosa de otros pueblos, de otras naciones, la que mueve nuestro ánimo para reclamar la vía de los consensos y de los pactos. Aquellos pactos políticos, que como ejemplo, sacaron adelante a algunos países luego de fatídicas dictaduras, como en Venezuela y Colombia; aquella concertación democrática en Chile y los exitosos Pactos de la Moncloa en España, origen de su actual y envidiable desarrollo.
Vale la pena hacer una rápida visión de aquellos Pactos citando lo que un republicano español de los años 30 decía: “o los demócratas acaban con la crisis económica española o la crisis acaba con la democracia…”

Los Pactos de la Moncloa fueron en el fondo unos acuerdos entre los actores políticos, sindicales y empresariales que comprendían medidas de aplicación inmediata en lo económico, político y social y medidas estructurales a mediano y largo plazo destinadas a modernizar el sistema económico, reformando los sistemas del presupuesto estatal, las normas fiscales y tributarias contra el fraude, los sistemas financieros hacia la competitividad, liquidez y solvencia de los bancos y la claridad con flexibilidad de las condiciones laborables.

El Ecuador no ha salido de una profunda crisis política y económica iniciada hace más de 25 años. Al contrario, ella se agudizó y profundizó coincidencialmente en el cambio del milenio.

Ante ello no cabe más dilaciones, porque como la historia demuestra que cuando hay buena intención y sana inteligencia, de las crisis salen fortalecidas las instituciones, también nuestro país, si lo queremos todos, puede salir adelante. Claro que para ello, los consensos, pactos o acuerdos que invocamos como herramientas indispensables de utilizar ahora y ya, precisan de elementos y factores intelectuales y morales como son el desprendimiento, la sinceridad, la franqueza, la honestidad, la decisión y la colaboración responsable de todos los grupos sociales y de todos los partidos políticos. Un plan concertado nunca será fácil ni rápido, sino más bien duro, costoso y continuado.

En ese camino debemos incluir el concepto donde la economía esté al servicio del ser humano y donde el ejercicio de la democracia sea entendido como el escenario en el que el desarrollo puede alcanzarse en bien de todo el conjunto social.

De todo lo anterior, puede salir el Ecuador del mañana y ese mañana debe convertirse en un ahora que requiere la reacción y la actuación de todos, pero fundamentalmente de quienes tienen el peso de la dirigencia, del poder y de la comunicación. Será el pueblo llano uno de los actores, pero serán los líderes quienes orienten el análisis, los diagnósticos, las metas y los acuerdos. Garantes de su cumplimiento serán las nuevas generaciones que todavía creen en su país, aquellas que generosamente aún no han perdido la esperanza.

SI el país comprende que el consenso nacional es la fórmula adecuada para despegar hacia delante, deberá buscarse el mecanismo que consagre esa decisión como verdadera Política de Estado que estará por sobre toda política de los gobiernos ocasionales. Incluso se podría pensar en la expedición de una Ley que apruebe el Consenso o Pacto Nacional, para que su fuerza esté por sobre cualquier desviación o desacato, en su general cumplimiento.

Consensuamos todos y pronto sobre los objetivos de la Patria, o la Patria se nos va de las manos.